TUCANDEIRA, UNA HORMIGA QUE MATA
Dr. José Manuel Reverte Coma

En las selvas tropicales de Centro y Suramérica, así como en Australia, habita un tipo de hormiga que según los lugares recibe distintos nombres. En Brasil la llaman Tucandeira.

Mide aproximadamente una pulgada y esta dotada de un poderoso aguijón en la parte posterior que es una verdadera aguja hipodérmica cargada de veneno. El peligro de su picadura reside en la sensibilización que puede producir, y en que una segunda picadura puede provocar el choque anafiláctico mortal.

La tucandeira (Paraponera clavata Fabricius) es una hormiga gigante muy extendida por toda América Central y del Sur, especialmente en las regiones selváticas. Mide una pulgada de longitud (30-33 milímetros) y la reina es aún mayor. Siempre la he encontrado en mis viajes por la selva tropical tanto en Panamá como en Colombia, Venezuela, El Darién o Brasil y en las selvas de Veraguas, donde los indios y hombres del campo las temen más que a las culebras. En Venezuela las llaman cumanagato, en la Guayana británica munuri, en Brasil tucandeira o tucandira o tocanguira. En Costa Rica la llaman hormiga-bala, y falofa en Panamá. En otras partes de Centroamérica y Brasil le dicen hormiga-24-horas para indicar que su picadura puede matar a las 24 horas de haberla realizado. En Australia hay otra hormiga muy parecida por sus efectos y forma que es la myrmecia.

El potente aguijón de la tucandeira o falofa es temible. Tiene esta hormiga grandes mandíbulas pero con ellas no hace daño. Lo peligroso es el aguijón que tiene en la cola (parte posterior) y que es una verdadera aguja hipodérmica cargada de veneno.

Suelen vivir en colonias de hasta 500 individuos, aunque es más frecuente encontrarlas en grupos de 12 a 20 siempre en la base de los grandes árboles de la selva. Basta irritarlas o molestarlas dando unas patadas en el suelo cubierto de hojarasca para que salgan de su hormiguero, y entonces hay que ponerse fuera de su alcance. Por eso capturarlas no es fácil y tiene sus riesgos, y fotografiarlas es aún más difícil a menos que se haga en cautividad.

Los campesinos de Panamá saben que cuando les clava el aguijón sufren dolores violentos en la parte afectada y sus alrededores, elevada temperatura, fiebre que puede durar tres días y a veces una zona de necrosis en torno a la picadura que tarda mucho en cicatrizar. El peligro radica en la sensibilización que puede producir y en que una segunda picadura puede provocar el choque anafiláctico mortal.

La Paraponera clavata es de la subfamilia de las Poneiras o Ponerinae, familia de las Formicinae. La palabra ponerina procede del griego ponyrós, que quiere decir malo, doloroso, así llamada a causa de su fiereza y los efectos que produce.

El doctor Weber, que trabajaba en la Universidad de North Dakota, relató su triste experiencia personal cuando fue picado en la rodilla a través del pantalón mientras andaba de expedición por el Río Orinoco buscando esta clase de hormigas.

Cuenta que al sentir el vivo dolor de la picadura en su rodilla, examinó la parte afectada observando un punto negra rojizo. Aplicó inmediatamente amoniaco sobre la parte durante unos minutos y después colocó un apósito de la misma sustancia encima. Pocos minutos después sintió la rodilla como paralizada. Con gran dificultad llegó hasta su campamento donde se recostó en una hamaca tomando un calmante. A las pocas horas se formó una gran vejiga en la rodilla que poco a poco adquirió un color pardo rojizo amarillento. Aplicó yodo sobre la vejiga y la abrió, saliendo suero. Aplicó ácido bórico y un vendaje. La rodilla seguía rígida. Aparecieron pequeñas vesículas alrededor de la primera.

Durante 18 días estuvo sin poder moverse vigilando la rodilla y cambiando los apósitos. Cuenta Weber que fue mejorando poco a poco del proceso inflamatorio. Hay que tener en cuenta que esto sucedió en 1936, año en que todavía no existía la medicación antitóxica, antihistamínica, antibiótica, analgésica y antiséptica de nuestros días. De todas formas, cuando uno anda por la selva no siempre lleva lo necesario para realizar una buena cura, o bien puede haberlo perdido en alguno de los frecuentes accidentes que sobrevienen, así que hoy día el explorador re estas regiones puede estar tan desprovisto o más que en 1936 de una medicación adecuada.

Weber pensó que pudo haber sido aún más grave si le hubiese picado sobre la piel directamente y que parte del veneno se quedó en el pantalón de dril fuerte que llevaba. La picadura de esta hormiga suele producir fiebre y linfadenopatías.

Como detalle curioso señalaré que algunas tribus sudamericana, especialmente en Surinam y Brasil, utilizan estas hormigas como prueba ordálica, es decir, para poner a prueba a los muchachos en el momento en que se realiza el rito de paso de la pubertad, de niño a hombre o guerrero. Estos ritos de la pubertad o ritos de paso tienen como finalidad poner a prueba a los jóvenes que quieren pasar a la categoría de hombres.

La mayoría de las pruebas a que se les somete consisten en demostrar su valor, su fuerza, su paciencia, su habilidad y sobre todo su resistencia al dolor. Para ello se utiliza la cruel y dura experiencia de aplicarles sobre la piel bolsitas en las que se han introducido varias hormigas de esta especie Paraponera clavata o de otras parecidas también venenosas como la Pachy-condyla crassinoda, la Neoponera o la Ectatoma ruidum. Colocan la bolsa llena de las peligrosas hormigas sobre la piel del abdomen o de los glúteos, etc. Las dolorosas picaduras dejan al muchacho sin fuerzas y con vivos dolores, fiebre y postración durante varios días. Sin embargo, los indios, que conocen muchos remedios vegetales, le administran bebidas o infusiones de algunas plantas y le vigilan todo el tiempo que permanece tendido en la hamaca, soportando estoicamente la prueba de la que suelen salir. Se dice que algunos mueren en la prueba. Después que se curan de las lesiones, se celebra el acontecimiento con una gran fiesta. En Brasil llaman a ésta ´Festa da tucandeiraª.

Algunas tribus sudamericanas utilizan a estas hormigas como prueba ordálica para demostrar el valor de los muchachos cuando pasan de la pubertad a ser guerreros

Las hormigas Ponerinas son depredadoras, utilizando este sistema como forma primitiva de alimentarse. Algunas capturan milípedos y termitas. Una especie existente en Australia occidental se especializa en capturar jóvenes reinas de otras especies de hormigas cuando éstas son abundantes en la estación de cría. A veces van en grupos a atacar los nidos de termitas o termiteros y cada hormiga gigante lleva a su nido varios cuerpos de termitas capturadas. Su sistema de alimentar a sus propias larvas es muy primitivo también, masticando, mordiendo y rompiendo en piezas el alimento y arrojándolo a ellas. No hacen como entre las avispas y abejas u hormigas desarrolladas, evolucionadas, que mastican y dan el alimento predigerido a las larvas. Entre las Ponerinas las larvas tienen que luchar por conseguir el alimento que le dejan sus progenitores, lo que quizá ayuda a estimular su agresividad y fiereza característica de esta especie.

Las Ponerinas son de las hormigas consideradas más primitivas en el árbol evolutivo de esta especie. Los autores que han investigado las actividades de la Paraponera clavata han observado que se suelen ver fuera del nido en las horas últimas de la tarde así como durante la noche. Estudiando sus ciclos circadianos pudieron observar también sus entradas y salidas de los nidos. Fueron capturando estas hormigas con mucho cuidado y pintándolas o marcándolas con cuatro colores distintos en el dorso del tórax. Esto tenia por objeto el observar si salían y entraban siempre por el mismo lugar o tenían otras salidas.

A veces, hormigas muertas fueron elevadas desde el nido hasta la parte alta del árbol al pie del cual habitaban. Pudieron calcular en una ocasión que de dos nidos estudiados uno tenia unas 200 hormigas y el otro 500.

Muchas de las hormigas que salían iban en busca de agua o savia de palmeras que llevaban hasta el nido en forma de gotas. Otras traían fragmentos de corteza de árbol, barro, pétalos de flores, musgo, artrópodos o fragmentos de éstos, moscas, mosquitos, centípedos o milpiés, y algunas ootecas de cucarachas y arañas. En una ocasión observaron que una de las obreras o soldados llegaba con la cabeza de una pequeña rana arbórea lo que supone una fuerza hercúlea, así como que son también depredadoras de pequeños vertebrados. A veces cargaban con caracoles. Se manifestaron muy aficionadas a rodear las latas de bebidas dulces depositadas por los investigadores en las cercanías del hormiguero. Tomaban con fruición líquidos como sodas dulces, azucaradas y los llevaban dentro de los nidos en forma de gruesas gotas sostenidas entre sus mandíbulas.

Insectos colocados cerca de los nidos fueron rápidamente arrastrados hasta el interior de aquellos por las activas Paraponeras. Se estudiaron los ritmos circadianos y se observó que los días muy secos, las salidas de las hormigas eran más frecuentes sobre todo en las horas del atardecer, y los machos salían más en las horas de la noche.

Otra curiosa característica de estas hormigas es que salen en grupos a buscar alimento y luego se separan por parejas trepando de dos en dos al árbol en cuya base tienen su nido. A veces, cuando se cruzan dos grupos, se ponen unas a otras en contacto a través de sus antenas.

La entrada de los nidos suele tener unos 2 centímetros de diámetro, y puede haber un orificio de entrada y otro de salida, uno solo o varios. Algunas observaciones con rayos infrarrojos han permitido determinar que salen a las 5,30 de la tarde y van y vienen terminando sus salidas a las 5,30 de la mañana, o sea que trabajan doce horas seguidas.

Aunque algunas Ponerinas producen pheromonas (Blum, 1966), la Paraponera clavata no parece producir tales substancias químicas que sirven para trazar los caminos y, recordarlos o seguirlos luego por el olor. Estas no parecen seguir el mismo camino, excepto los normales de tráfico que tienen establecido, y que son utilizados por la mayoría de las trabajadoras.

Cuando llueve mucho, las salidas de las hormigas Paraponeras son más raras. Los machos son muy activos durante las horas de la noche. Toman néctar de las flores, de los nectarios. Son omnívoros, llevando tanto plantas como insectos. La gran cantidad de musgo y barro que transportan parece demostrar que usan esas substancias para la construcción de las galerías de sus nidos.

La mayoría de los autores están de acuerdo en reconocer que la primitividad de la P. clavata es lo que hace que no produzcan pheromonas como las hormigas más evolucionadas. De los nectarios obtienen los aminoácidos que necesitan. Otros rasgos primitivos de estas hormigas son la búsqueda de substancias azucaradas y la captura de otros insectos. Se ha observado que buscan también savia y resina de árboles especialmente coníferas que tienen propiedades repelentes y curativas, quizá para utilizarlas como defensa contra otros depredadores.

El famoso naturalista Von Martius, que vivió tantos años en Brasil y escribió varias obras hoy clásicas, como Flora brasiliensis y sus Libros de Viajes, cuenta cómo los indios en Brasil central seleccionan a sus guerreros sometiéndolos a las picaduras de las tucandeiras. La primera prueba se realiza ya en muchachos de ocho o nueve años y cuando llegan a la pubertad se les coloca en una especie de nido o manga varias de estas hormigas. Los muchachos introducen los brazos en ellas y se las ata a la parte superior de los brazos como la manga de un traje. El brazo queda encerrado en este dispositivo y las hormigas comienzan a picarles. El dolor se hace sumamente agudo y el muchacho tiene que resistir como un bravo mientras los indios danzan a su alrededor para darle ánimo y sólo cuando el neófito se siente desfallecido por el dolor y, cae casi sin conocimiento le retiran aquellos instrumentos de martirio. El brazo inflamado y enrojecido es frotado con jugo de mandioca (Manihot utilísima).

Las hormigas Tucandeiras suelen vivir en colonias de hasta 500 individuos, aunque es más frecuente encontrarlas en grupos de 12 a 30

Es sabido que la mandioca comprende dos especies muy distintas, una es la mandioca dulce y otra la venenosa por su alto contenido en ácido prúsico. Los indios de Sudamérica utilizan precisamente esta última variedad para fabricar su alimento básico, el pan de mandioca o cazabe, pan de beijou que tan apreciado fue por los descubridores españoles en las primeras épocas de las exploraciones por los aún desconocidos territorios de América. Muchos salvaron su vida calmando su hambre con pan de mandioca o cazabe.

Para eliminar el potente veneno que acabaría con la vida de cualquiera si se comiese la mandioca sin tratar, rallan las raíces tuberculosas al mismo tiempo que lavan el producto con agua abundante. El veneno se disuelve fácilmente en el agua y queda una especie de harina blanca que se moldea en forma de pequeños panes y se pone a secar al sol. Así se conserva por mucho tiempo.

Cuando quieren usar tales panes los vuelven a rallar con agua, hacen una pasta y la tuestan a la lumbre mezclándola con los alimentos, por ejemplo carne de cacería o pescado.

Pues bien, el agua extraída del lavado de la mandioca es lo que utilizan los indios para calmar y curar los dolores del o de los brazos picados por la hormiga tucandeira. Frotan las partes picadas con agua o jugo de mandioca con lo cual el muchacho se siente muy aliviado y va recuperando sus fuerzas. Entonces le entregan un arco y una flecha y tiene que distender el arco -para lo cual hace falta no poca fuerza- colocar la flecha y dispararla sobre un blanco sin hacer caso del dolor que pudiera quedarle. Pero no siempre el muchacho resiste este dolor sin pestañear. Entonces cada año se repite la dolorosa prueba hasta que la pase sin chistar. Entonces se le considera capaz de pasar a la escala social superior.

Se ha dicho también que la picadura de la P. clavata, como ocurre con las picaduras de abejas, es un magnífico remedio contra el reumatismo, tanto para curarlo como para prevenirlo. Los indios del Amazonas aseguran que lo cura.

Pero no en todas partes las Paraponeras deben tener la misma substancia venenosa. Lo cierto es que en Panamá, donde la llaman falofa, es tan poderosa que según afirman los indios y campesinos del interior, puede matar, y si no lo hace deja postrado al paciente con fiebre y vómitos por varios días, además de producirle una zona de necrosis en la parte picada donde queda el aguijón.

Una de las técnicas que se utiliza para estudiar la vida de estas hormigas en el interior de sus nidos es disecar éstos. Es extremadamente difícil y peligroso. No se puede uno distraer ni un segundo pues el investigador recibe un aguijón cuando menos se lo imagina, y además la disección o excavación del terreno es muy lenta para verlo todo bien y fotografiarlo. Unido a esto las galerías se entremezclan con las raíces del árbol y por esta razón todo se complica.

A veces hormigas de otras especies entran en los nidos de la Paraponera, lo que parece increíble. Parece como si fuesen de visita, pero la mayoría de las veces no son bien recibidos los visitantes y acaban en piezas o fragmentos para ser utilizados cómo alimento.

Un detalle curioso y que indica que la Paraponera tiene un olfato selectivo, es que cuando se colocan cerca de uno de sus nidos insectos como las chinches de monte que despiden un olor apestoso, las hormigas ni se acercan a ellas; en cambio otros insectos que no despiden tales olores son rápidamente capturados y metidos en la cueva. Por ejemplo, arañas, larvas de lepidópteros, cuerpo o alas de mariposas, son rápidamente aceptados e introducidos en los nidos. También se observa que cuando se colocan insectos vivos cerca del hormiguero y las hormigas se acercan para capturarlos, en cuanto ofrecen alguna resistencia, son atacados con el aguijón y puestos fuera de combate.

El origen desde el punto de vista evolutivo de los venenos animales se basa en dos necesidades principales del organismo: nutrición y defensa. A veces protección, como los pelos urticariantes de los gusanos. La captura de otros insectos requiere el aparato inyector, el aguijón y el veneno como arma de ataque.

Otro investigador que cuenta sus experiencias personales con la Paraponera clavata es Spruce en Notas de un botánico en el Amazonas y en los Andes. Mientras andaba colectando plantas por el Río Negro, cortó un buen musgo, pero no se dio cuenta que había roto un nido de tucandeiras que inmediatamente reaccionaron y le dieron un par de picotazos en el dedo pulgar. Al principio creyó que le había picado una culebra, pero pronto vio el enjambre de hormigas que había soliviantado. Su reacción al ver que las hormigas subían por sus piernas, fue salir huyendo al tiempo que las sacudía para quitárselas de encima. Corrió hacia la casa logrando sacudirse las hormigas pero fue alcanzado por otros dos aguijones.

El resultado fue sudor frío, angustia, además de un vivísimo dolor en las partes aguijoneadas, sensación de mareo, agonía y náuseas. La acción del veneno fue seguramente más intensa por el ejercicio y la rápida absorción del mismo por la circulación sanguínea. Recurrió a la técnica que ya había visto utilizar a los indios cuando eran picados por estas hormigas y fue rodar por el suelo.

Tenía que recorrer, hasta llegar a la casa, un área descubierta de arena ardiente y luego una corriente de agua. Al pisar sobre la arena caliente, los dolores se agudizaron y al llegar al agua pensó que le aliviaría pero fue todo lo contrario, aumentando sus torturas. Logró llegar a la casa donde sólo había en esos momentos una india que era la cocinera, que al contarle lo que le pasaba le puso unas ligaduras sobre el pulgar y los tobillos donde había sido picado frotándole con aceite, pero sin resultados positivos.

Dice textualmente que sus sufrimientos eran "indescriptibles".

Sólo podía comparar el dolor con el contacto de 100.000 ortigas. Sudaba copiosamente, las náuseas eran continuas. Tomó lo que encontró a mano para calmarse, una dosis de láudano y una hora después sintió aliviarse algo el dolor. Pudo descubrir dos picaduras en un tobillo, otra en uno de los dedos gordos del pie y otras dos en otro tobillo, además de las del dedo. La inflamación fue aumentando hasta el día siguiente, pudiendo dormir apenas dos horas gracias a repetir la dosis de láudano. Al cabo de una semana se sintió bien, aunque con rigidez en los pies y dificultad para caminar.

Yo recuerdo que en algunos lugares de la India y Egipto hay unas hormigas que se meten en las camas y pican cuando uno está durmiendo. Son del género Monomorium (Monomorium bicolor nitidiventri) pero muerden con sus mandíbulas y producen dolor e hinchazón, especialmente si muerden en el párpado. Amanece uno con un ojo cerrado. Para evitar sus picaduras se coloca en las patas de la camas unas latas en las que queda metida la pata de la cama. La lata está llena de sustancias venenosas para las hormigas. Pero estas falofas de Panamá o tucandeiras del Brasil son cosa aparte. Su aguijón inyecta una pequeña cantidad de veneno pero puede quedar adherido a la glándula de Dufour, que es el reservorio de éste, y que queda sin inyectar en parte. Si se da un masaje creyendo aliviar así el dolor, lo que se consigue a veces es exacerbarlo porque el masaje exprime la vesícula llena de veneno y lo que se hace es inyectarse uno mismo más veneno. Hay que extraer el aguijón para evitar esto.

Una variedad existente en Brasil de estas tucandeiras son las Megaponera y la Dinoponera gigantea que son llamadas "hormiga de los cuatro puntos" porque se dice que son capaces de clavar cuatro veces el aguijón en la carne, y de causar incluso la muerte de una persona. Lo mismo se dice de la Paraponera clavata u "hormiga de las 24 horas".

  

En la Isla de Barro Colorado he tenido recientemente, como lo hacía en mi juventud, la oportunidad de estudiar una vez más los nidos de Paraponera clavara, esta vez acompañado de uno de mis ayudantes, el doctor J. M. González, que estaba interesado en el tema.

Las hay en tal cantidad en la Isla que a veces forman verdaderas cintas que se mueven en busca de alimento. Por eso cuando se filmó la película Marabunta los primeros planos de hormigas gigantes se tomaron en dicha isla, aunque el sonido se superpuso naturalmente a la imagen para producir esa sensación de terror que la contemplación de tales insectos ocasiona cuando se los ve en primerísimos planos.

La glándula venenosa de la Paraponera clavara consta de tres áreas o partes anatómicas: I. Dos filamentos libres productores de veneno que van a parar al saco o recipiente del mismo donde se almacena. 2. La túnica propia del saco del veneno y 3. Una glándula venenosa convoluta.

El veneno fluye de la glándula convoluta hasta el saco. Los interesantes estudios de Hermann y Blum han demostrado por primera vez la anatomía de la Paraponera. El abdomen de esta hormiga gigante consta como el de otras hormigas de 10 segmentos (uno torácico y nueve gástricos). Los tres últimos segmentos y las estructuras asociadas forman el aparato inyector o aguijón. El gaster mide de 7 a 8,5 milímetros de longitud. En los últimos tres segmentos abdominales tienen una musculatura que funciona como una máquina de inyectar.

El aguijón o terebra está compuesto por un par de lancetas o estiletes y un dardo inyector. La parte posterior de las lancetas o estiletes está equipada con 10 barbas, como dientes, cuya misión es cortar y agrandar la herida producida por el aguijón cuando éste es insertado en los tejidos y facilitar la inyección del veneno. Once pequeños pero poderosos músculos se contraen y al tiempo que clava el aguijón y lo remueve en la herida inyecta por el canal que éste tiene el contenido del saco del veneno.

Contra lo que se creyó por mucho tiempo, el veneno de la Paraponera clavara no era tan sencillo como el ácido fórmico sino más complicado. Expuesto al aire, forma una substancia semisólida, amorfa, de color pajizo. Es hidrosoluble. Si el agua que lo contiene diluido se mezcla con alcohol etílico, se produce un copioso precipitado blanco inmediatamente.

El espectro de absorción ultravioleta del veneno en agua está entre 277-282 milimicras, área que es característica de los polipéptidos. Reacciona fuertemente con ninhydrina y después de hidrólisis ácida en ácido clorhídrico, pueden detectarse ácido fórmico (1:1), 11 aminoácidos libres cuando el hidrolizado es analizado con cromatografía en papel (n-butanol, ácido acético, agua 4:1:1 y 80 por ciento de piridina acuosa). Los principales aminoácidos detectados son el ácido aspártico, lisina, leucina, isoleucina, alanina y ácido glutámico. No se pueden detectar aminoácidos no libres en muestras no hidrolizadas del veneno. Todos estos datos llevan a la conclusión de que el veneno de Paraponera clavara es de naturaleza proteínica.

Cuando al veneno de una sola glándula venenosa de P. clavata se le añade 0,1 milímetros de una solución de eritrocitos de cordero lavada, se produce una rápida hemolisis. El factor hemolítico se comprobó que era termolábil.

Esto es en resumen, algo de lo que la "hormiga" que mata, la P. clavata Fabricius, es capaz de hacer. El caminar por las selvas expone a éste y a otros muchos peligros, por lo que todas las precauciones son pocas. La vida bulle entre la vegetación, pero también el peligro y las especies que luchan unas contra otras se unen al hombre, unas veces para ayudar, otras para molestarle, otras para poner en peligro su salud y su vida.

FIN TEMAS DE PALEOPATOLOGÍA


Museo de Antropología Médico-Forense Paleopatología y Criminalística
PROFESOR JOSÉ MANUEL REVERTE COMA